El Jardín de Xabi

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¿Qué cifra pone ahí, que no la veo?

Ayer tomé la línea 10 hacia Bernabeu. Cuando salí a la superficie desde el interior del metro no era capaz de orientarme. Iba sin gafas, era de noche, y yo, que soy un megatherium con varias dioptrías, no conseguía ubicar el estadio. Iba a una cena cerca de allí, y ese punto de referencia era para mí fundamental. Cuando por fin un alma caritativa me indicó el camino reconocí a lo lejos los Jardines del Mundial: un conjunto de jardineras hechas con ladrillo y rematadas con banderas internacionales que acorralan a árboles asfixiados por el tráfico de La Castellana. Los inauguraron en 1982, para conmemorar el torneo deportivo que encumbró a Naranjito.

Los Jardines del Mundial ofrecen al deporte rey un homenaje discretísimo. Tan discreto que se podría tildar de cutre, de no ser porque su falta de ambición los hace entrañables. Supongo que cuando se construyeron no había dinero más que para esa pequeñez: en los años ochenta el fútbol aún no manejaba los números mareantes que ahora ponen los dientes largos al pueblo llano. Frente a la majestuosa mole que es el Real Madrid Arena, los Jardines del Mundial son mundialmente austeros.

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A mí, que soy un plantígrado antediluviano, la retórica del nuevo balompié multimillonario me fascina.

Al fútbol le pasa un poco lo que a la moda: su narrativa se ha sofisticado hasta niveles imposibles. A lo mejor porque hay que justificar el gasto.

La casa Chanel ha trabajado durante años en elaboradísimas campañas de marketing para hacer triunfar la idea de que Coco, al inventar el pantalón femenino, poco menos que puso las bases del movimiento de liberación de la mujer. Gracias a esa estrategia de comunicación tan calculada, hoy las señoras que se gastan más de mil euros en riñoneras de cuero negro acolchado se sienten menos culpables y un poco más listas. Están convencidas de que su debilidad consumista es en realidad un acto sublime.

Los clubes de fútbol han fomentado durante años la leyenda del espíritu: los clubes tienes un alma compleja que hay que desentrañar. Hoy, el aficionado es capaz de comprender y defender con argumentos sólidos las bases teóricas que sustentan su amor hacia unos colores. Si los futbolistas cada vez son más gañanes, horteras y simplones, el hincha es cada vez más sesudo, diletante e informado.

Bueno, también hay jugadores listos, equilibrados y elegantes como Xabi Alonso, que se tuitea con Jeff Tweedy.

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Gora Jeff

No seré yo quien haga demagogia barata con el asunto del fútbol. Lo que sí diré es que me agradan mucho más los Jardines del Mundial que las torres Sacyr Vallehermoso, que desde el Summerteeth (la obra maestra que Tweedy compuso cuando se estaba separando de su mujer), Wilco no me han vuelto a gustar y que cuando acaba la liga me siento muy aliviado. Hala Madrid.

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