La Alergia Mágica (Jabois en Madrid)

manueljabois1

Te preño con el mirar

En esta época del año, con las gramíneas en plena eclosión, me froto tanto rato y tan fuerte los ojos que tengo la impresión de que sería capaz de tener un orgasmo ocular. El picor de ojos es algo que -como tantísimas otras cosas- se retroalimenta con el rascado, así que uno no sabe bien cuándo parar. Pero a diferencia del picor nasal (también me proporciona momentos de auténtico placer, por cierto) que tiene su punto álgido en el estornudo, con el tema de los ojos es difícil reconocer dónde está el límite.

El otro día, tumbado en un parque que hay junto al lago de la Casa de Campo, tuve que detener el frenético fru fru cuando me había quedado ya sin todas las pestañas y le había pedido a cada una de ellas un deseo.

¿Conocéis la superstición esa, no? El observador que está frente a vosotros detecta sobre una de vuestras mejillas uno de esos pelitos que, de natural, debería estar bien agarrado al párpado y os dice, como un Aladino recién salido de la lámpara:

-“Piensa en algo que te gustaría que se cumpliese”

Lo piensas, fuerte, con intención, con ganas, con la misma ilusión con la que mandabas las tapas de los yogures a la casa matriz de Danone; y tu observador te pregunta

-“¿De qué lado está?”

Y entonces es cuando si aciertas dónde está la pestagna marchita, la cosa va adelante.

Yo el otro día perdí como doce pestañas a base de frotis. Y las doce veces pedí lo mismito. Soy como esos ludópatas que se abonan a un número de la lotería. Persevero en mis intenciones, no diversifico, pese a que mi abuela siempre me ha dicho que es muy necesario “no poner todos los huevos en la misma cesta” y “tener siempre encendidas varias velas, por si alguna se apaga”.

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Este fin de semana estuve en su pueblo (el de mi abuela), que un poco también es el mío.

Estar tirado en un prado de Cabañas Raras del Portiel no tiene comparación con estar tirado en el lago de la Casa de Campo: la diferencia que hay entre un campo de verdad y una zona verde es tan grande como la distancia que separa a una teta auténtica de un implante. La potencia polínica del campo verdadero es tan superior a la de cualquier ámbito campestre urbano que los ojos de los alérgicos pueden hincharse hasta ponerse del tamaño de globos terráqueos y los capilares enrojecidos forman una cosa que se parece a las fronteras de los países. En mi lacrimal inundado de, como es pertinente, lágrimas, los presentes llegaron a ver el mapa político de África. Miremos la parte buena: por una vez llovió en Abisinia.

La parte mala es que no pude leerme el libro que llevaba para echar la tarde: “Manu”, de Manuel Jabois.

Tuve que dar cuenta de él en el autobús de vuelta a casa.

De vuelta a Madrid.
Allá donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir, donde regresa siempre el fugitivo, donde la gente dice “showroom” en lugar de “muestrario”, esta primavera -o como demonios haya que denominar a esta estación imposible en la que nos hallamos inmersos- se habla muchísimo de un periodista llamado Manuel Jabois que acaba de mudarse a la capital.

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Jojojojo

Manuel Jabois es un tío cuya recopilación de artículos más célebre (la única hasta el momento – no la he leído completa) se sostiene sobre una soflama contra el centralismo capitalino.
Él ha acabado viviéndose pacá. Cuando me enteré no pude evitar esbozar una sonrisita irónica.

Manuel Jabois es un periodista de la estirpe de Julio Camba cuya retórica testosterónica, que se regocija en los clichés más manidos del macho cabrío, puede hacer rasgarse las vestiduras a cualquier mujer con dos dedos de frente. Manuel Jabois es un tío cuya reputación de pendenciero devorahembras es casi tan grande como él (y él es un tipo alto que está buenísmo, todo sea dicho).

Manuel Jabois es una mezcla letal de:
Haro Tecglen + Alfonso Ussía + Manolo Rivas + Pepe Domingo Castaño

Nunca sabes si sube o si baja, si es de izquierdas o de derechas, si es machista o solo un sentimental un poco agresivo… el caso es que siempre dice algo que te encanta oír. Yo creo que es porque siempre mete alguna pincelada gocha (bien de comida, bien sexuar) y eso gusta. Además el tío ha creado su propia leyenda negra en torno a sus hábitos nocturnos, lo que da mucho morbo.
Y luego está aquello de que habla de fútbol así de una forma muy tierna y a la vez muy épica, que es como estar en un estadio cantando a gritos una canción de Belle and Sebastian*.

Manuel Jabois es un tipo que cita a Josep Pla, como todos los pedantes hacen, que comenta la actualidad, como todos los pesados suelen, y que me caía fatal hasta que leí este artículo suyo en el que habla de los veranos en Sanxenxo.

Jabois acaba de ser padre y le ha dedicado un pequeño librito a su hijo, que se llama como él.

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(…) Fue un día de verano, como todo en la vida. Había ido a aparcar el coche cerca de la playa de Areas, y cuando conseguí dejarlo a dos kilómetros me eché la toalla al hombro y me dirigí campestremente a la Postiña, un bar de allí en donde me esperaba Paula y una amiga suya que yo no conocía de nada. Al verme bajar, esta amiga exclamó: “¡Quién es ese dios de la fecundidad!”. Meses después la tenía por ahí embarazada perdida, pero esa tarde nada sospechábamos: yo me dediqué a leer una biografía enorme de Hitler mientras pensaba que estaba buena, pero que parecía una de esas pijas estreñidas que fabrica Pontevedra como roscas; ella pensaba que yo estaba bueno, pero que era un coñazo de tío de ésos que se pasan cinco horas bajo el sol para saber de la vida de un alemán muerto. “Que ni es alemán”, pensaba ella, “sino austríaco, y seguro que después de 1.200 páginas el paleto ni se entera”.

Yo en realidad leía para hacerme vagamente el interesante y ella ponía cara de pija porque le daba el sol de frente y no tenía otra que ponerse las rayban y apretar mucho la boca, como si se estuviese callando marcas de ropa. Aquel disimulo nuestro tardamos en descifrarlo, pero aún antes, cuando no nos caíamos bien y ninguno tenía una opinión buena del otro, ya nos estábamos acostando, porque al fin y al cabo en la cama no interesan detalles superficiales como el carácter, y ninguna mujer llega al orgasmo porque su pareja tenga buen humor. ¿Acaso nos reproducimos como especie leyendo a Dostoievski? Más bien lo que dan ganas es de clausurarla (…)

(…) Se empezó a encontrar mal a los diez minutos. Yo le decía que aquello era imposible y que probablemente tuviese una migraña insólita. Discutimos agriamente por esto. Pasaron varios días y nos fuimos a comer al asador O Fanal, donde nos dedicamos a los periódicos porque habíamos reñido esa mañana por alguna razón que no recuerdo. Yo separaba las páginas con cuidado, royéndolas como si fuesen los huesos del churrasco, y de vez en cuando, teatralmente, le echaba mojo picón encima a las noticias que no me gustaban porque así, decía yo, al menos tenían sabor. Eran las consecuencias funestas de beber mucho vino; ésa, y que los dueños me pidiesen por favor que me llevase los diarios conmigo cuando pretendía dejarlos donde estaban.

Subimos despacio la calle Arzobispo Malvar como dos ciclistas golpeados y al llegar a la Plaza de España la vi dirigirse sola a la farmacia. Ella quería comprar un predictor y yo creía que lo que tenía que hacer era comprar ibuprofeno. Finalmente hizo lo primero, y en casa se dispuso a hacer una operación que yo entendía desproporcionada.

Esperamos los dos en el sofá. La tarde era horrible y a mí se me empezaba a levantar resaca. Sólo quería dormir y llorar, pues en aquella época lloraba muchísimo y sin venir a cuento, como en una especie de ejercicio de marine por si venía algún disgusto grande y tuviese que estar entrenado. Cuando pasó un tiempo se fue al baño a por el predictor. Yo pensé ahí sinceramente que se estaba volviendo loca. Me lo confirmó el resultado: estaba embarazada. Meses más tarde, en algunas de nuestras discusiones más encendidas, supe que siempre tenía que tener la razón. Nunca conocí a nadie que hubiese llevado tan lejos su dolor de cabeza (…)

La parte mala de esta primavera (infame en lo meteorológico) y sus tormentas de polen, es que los alérgicos no podemos parar de llorar y ni siquiera es de pena. La parte buena es que, con las pestañas cayendo a mansalva, se pueden pedir muchos deseos.
Estoy completamente convencida de que el mío se va a cumplir.

Se me olvidaba: si me encuentro al Jabois por la calle, le digo que es clavao a Quique González.


*Descripción incluída desde los comentarios, a petición de Vilque

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7 Responses to La Alergia Mágica (Jabois en Madrid)

  1. Nabucodonosor Milenario says:

    Respetaba a Jabois pero… ponerle su mismo nombre al hijo… Mal! Jajajaja

  2. mate says:

    Milodón, la semana pasada me recetaron en las SS un colirio llamado Lubristil. En la farmacia me cobraron 12,95 euros del ala -el colirio se ha quedado fuera del recetario, me dijeron-. Teniendo en cuenta que son 20 envases monodosis de 0,3ml, el volumen total hace 20×0,3= 6ml de líquido, lo que significa 0,6 centilítros, por lo que el litro de Lubristil está en el mercado legal a 100cl/0,6cl * 12,95€= 2158,33 eurazos. ¡GUAU!
    No sé si echármelo a los ojos o metérmelo en vena.
    Te lo digo, porque si quieres comparto ‘mi mierda’ contigo, tía. Es mierda de la buena, y además legal.
    Por lo demás, me ha gustado el texto de Jabois. Ese apellido afrancesado y la prosa cínica me lleva a ‘Juelebecq’.
    Ánimo milodónn!

  3. vilque says:

    Qué pasa con Jabois, que no dejo de oír su nombre enderredor all the time? Gracias por ponérmele cara, Myler

    • Pues mira, el Jabois para mí es una mezcla letal de:
      Haro Teclen + Alfonso Ussia + Manolo Rivas + Pepe Domingo Castaño

      Nunca sabes si sube o si baja, si es de izquierdas o de derechas, si es machista o solo un sentimental un poco agresivo… el caso es que siempre dice algo que te encanta oír. Yo creo que es porque siempre mete alguna pincelada gocha (bien de comida, bien sexuar) y eso siempre gusta. Además el tío ha creado su propia leyenda negra, sobre sus hábitos nocturnos y eso da mucho morrrrbín.
      Y luego está eso de que habla de fútbol así de una forma muy tierna y a la vez muy épica, que es como estar en un estadio cantando a gritos una canción de Belle and Sebastian.

      Aunque te lo digo que si no estuviese tan bueno no lo petaría como lo hace. No me digas que no sale fenomenal en las fotos

      • vilque says:

        Es muy de entornar los ojos, por lo que veo. Esta descripción que has hecho es tremenda, buenísima. Tienes que incorporarla al post. Bueno, con el comentario ya está incorporada al post, pero ya me entiendes

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