Garci’s Eggs

-¿Qué tiene de postre?
– Sí, señor, perdone. Tenemos helado, flan, piña, melocotón en almíbar, queso, membrillo y fruta del tiempo.
– Café solo por favor.
Alfredo Landa en El Crack

Leo en la Jot Down que dice José Luis Garci que no volverá a hacer cine y que lo anuncia “con jubilosa nostalgia”. Le entrevista la muy estigmatizada exministra Ángeles González Sinde, que le espeta: “¿Sabes que tienes muchos admiradores entre la gente joven?”. A lo que él responde: “Pues no lo sabía”.

El choteo subsiguiente entre los lectores es inevitable, claro, especialmente cuando uno lee en la entradilla del artículo: “Garci es muy de Madrid, y por consiguiente, muy de Nueva York”. ¿Ein?

En el interior de la entrevista la cosa se agrava. Cuenta Garci: “En el 94 recorrí todo Estados Unidos siguiendo el mundial de fútbol como comentarista para Televisión Española y como cronista para ABC. Terminó el mundial en Pasadena y cogimos el avión de vuelta en Los Ángeles, pero yo me quise quedar aquí en Nueva York. Me despedí de los otros corresponsales en el aeropuerto, cogí un taxi y cuando por fin, después de pegarme ese recorrido por el país, entré en la ciudad por la calle 44, sentí que estaba en la calle Narváez o en el barrio de Salamanca. Sentí que estaba en casa”.  

Siempre has vivido muy bien, José Luis. Y siempre te has hecho un lío con América.

Garci ‘El Neoyorquino’ es un tipo que -diga lo que diga Sinde- le cae fatal a muchísima gente, y en especial a muchos jóvenes cinéfilos de pro, que ven en él a un flipao que encima cometió el imperdonable error de ser durante muchos años el novio de Ana Rosa Quintana.

Más tarde quiso serlo de Elsa Pataki. Y de eso, sí que no podemos culparle.

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Garci, que, como ya presagia su voz de cazallero temperamental, no es precisamente un progresista abiertamente homosexual amamantado en los pechos de La Movida, se ha pasado toda su carrera intentando hacer réplicas hispanizantes y pedorras de los grandes momentos del cine clásico.
Y yo, al escribir esto, me pregunto si “Todo sobre mi madre”, de Pedro Almodóvar, no se ajusta exactamente a esa definición, por muchos transexuales que incluya.

Garci es un pesao y sus tertulias parecen una sesión plenaria de la Falange, pero en You are the one tuvo el arresto de coger a Lydia Bosch, plantarle un peinado a lo Lana  Turner, hacerla pasar por la hija intelectual de unos acaudalados banqueros que escapa del Madrid de posguerra y ponerla a caminar por la arena de la playa del pueblo asturiano de Cerralbos del Sella como si fuese una diva del Hollywood dorado.
Julia, que así se llama Lydia Bosch en la peli se retira a una casona familiar ubicada en la costa cantábrica a reflexionar un montón. A pensar en sus cosicas porque está muy triste: su novio es un republicano represaliado que a saber cuándo sale del trullo. En las cartas que el susodicho le escribe desde la susodicha (cárcel), el tío le dice unas movidas preciosas mientras le recuerda  lo mucho que le gusta rememorar aquel tiempo en el que escuchaban juntos una y otra vez un disco de Cole Porter. ¡De Cole Porter!

Pues claro que sí, hombre: en el Madrid de posguerra la gente escuchaba en bucle a Cole Porter en Spotify y luego se compraba entradas para ir a verlo actuar en los Veranos de la Villa.

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 Unas risas

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 Pues claro que sí: Sherlock Holmes y el Doctor Watson vinieron a la capital siguiendo las huellas de Jack el Destripador y se encontraron en su periplo con el compositor y pianista Isaac Albéniz, interpretado por su sobrino-nieto, el actual ministro de justicia y antiguo alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón.
Así lo cuenta Garci en su último flin, que al parecer, es un truño de proporciones bíblicas. Aún no lo he visto (y no creo que lo haga), pero el título ya tiene más valor en sí mismo que toda la filmografía the Nawja Nimri y Fele Martínez: “Holmes & Watson. The Madrid Years”.

Por último, y antes de irme a la cama, decir que en Volver a Empezar, su mejor película, la que le dio el Oscar, el director, a un paso de la utopía/ciencia ficción, convierte a Chanquete/Antonio Ferrandis en un exjugador del Sporting galardonado con un Premio Nobel de Literatura que regresa a Gijón desde Berkeley -donde imparte clases- para pasearse por el Molinón, decir adiós a los escenarios de su infancia y frontar cebolleta con su primer amor.
Garci abre el asunto con un plano secuencia sobre el muy industrial perfil de la ciudad. Mientras, de fondo, no suena Begin the Beguine, la canción de Cole Porter que da nombre a la cinta, sino el Canon de Pachelbel.

La peli es preciosa y tú siempre has hecho lo que te ha salido de los huevos, José Luis. Pero Narváez no se parece en nada a la 44.

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5 Responses to Garci’s Eggs

  1. No ti rir! Que es un dramón!

  2. vilque says:

    No vas a ver Madrid Days? Te lo estás perdiendo, Myler

  3. Es que no la encuentro! La busqué en Pirate Bay y no está y ya no existen los videocluses. Dónde la encontraste tú?

  4. Nabucodonosor Milenario says:

    Qué traca final en el Sanxenxo de Jabois:
    “Definitivamente todo padre es un spoiler. Y el mío, ¡ay!, es calvo”

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