M’drit (el dichoso café con leche)

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Vuelvo a casa después de las fiestas patronales de mi pueblo, las que rinden pleitesía a la Virgen de la Encina, patrona de El Bierzo, con la sensación clara de que se acabó lo que se daba en lo que a estivalismos se refiere. No pretendo desmoralizar, pero de la misma manera que el discurso de Ana Botella frente a los amigos del COI ha sido el chispún definitivo para la temporada alta de chapuzadas (este verano ha sido apoteósico en despropósitos: FIN DE LA CITA), las fiestas de mi pueblo indican para mí y para muchos de mis paisanos el prólogo del invierno.

gansu

Empieza la temporada de los cafetitos con leche reconfortantes, pero yo antes abro los paquetitos de comida que cuidadosamente mi madre me ha preparado para que me alimente con cosas de provincias en Madrid.

En un gurruño de papel de aluminio encuentro unos tomates turgentes, rojísimos y abultados como melones enanos, y me corto una buena porción que troceo a su vez en pedazos cuadrados a los que echo sal gorda, vinagre blanca y aceite de oliva. Los muerdo con tiento y los saboreo con parsimonia y pienso que no me extraña que la (esperemos)  futura ex alcaldesa de Madrid reivindique los pequeños placeres de la vida -ya saben, las cenas románticas, el cafe au lait- a la hora de defender a su ciudad como candidata a sede olímpica.

Es una cosa muy de ricos y potentados caer de pronto en la cuenta de que el brillo perlado de las tapicerías de cuero de los coches oficiales está bien, pero que no hay nada como una ración de tortilla en el bar de la esquina.
Me acuerdo entonces de Frank Underwood, ese malvado congresista encarnado por Kevin Spacey en una serie muy buena llamada House of Cards. Frank Underwood es un tipo ambicioso, maquiavélico e inteligentísimo  que quiere llegar a la presidencia de los Estados Unidos y que no tiene inconveniente en pasar por encima de quien sea para saciar sus apetito de poder. Él, como toda persona de su posición que se precie, vive en el barrio residencial más seguro, confortable y pijo de su ciudad, Washington, pero de vez en cuando le gusta “crossing the tracks” o sea, cruzar las vías, para ir a buscar una ración de costillas a la brasa al bar de un señor negro muy feo y muy sucio que cocina como los ángeles.
Cruzar las vías es una expresión que se usa en la capital política de USA para referirse a esa temeridad que es adentrarse en los barrios humildes de la urbe, que en el caso de Washington están, literalmente, al otro lado de las vías ferroviarias.

Pienso después en la boda de Tatiana Santo Domingo, hija del hombre que ostenta una de las mayores fortunas de Colombia, y Andrea  Casiraghi, miembro la dinastía Grimaldi, esos  casineros y promotores inmobiliarios que se hacen pasar por príncipes, que se celebró hace apenas una semana. Los invitados a su enlace -casi todos, jóvenes herederos de muchas cifras- pidieron beber cerveza.  Ni Möet Chandon ni Bollinger. Cerveza.
Nos han jodido.
Ellos saben, igual que tú y que yo, que no hay nada como una caña fría bien tirada.

There is nothing quite like a relaxing cup of cafe con leche or a quiet dinner in el Madrid de los Austrias, the oldest part of Madrid.

A la gente (LA GENTE) le ha parecido muy mal que Ana Botella tenga un acento tan chusquero hablando en inglés, pero sin embargo ha habido una oleada de simpatía, una especie de entusiasmo esperanzado, frente al discurso bien articulado y sobre todo bien pronunciado del Príncipe Felipe, que además de ser un chaval claramente muy preparao, está cada día más bueno. ¡Y tiene cara de bueno!

Ana Botella, muy mal.
Pero, ¿os habéis fijado lo bien que pronuncia Felipe la palabra “Madrid” en inglés?

M’drit

M’DRIT

El heredero natural de la campechanía sí que sabe hablar en público. En cambio, si viene Miss Bottle a poner en evidencia frente a toda la comunidad internacional lo que somos, lo que llevamos siendo los últimos veinte años, se nos suben los colores.


“Sé que para ustedes es un poco difícil entender esto, pero vengo de una cultura muy diferente” Pedrou Almodofar

Y yo, mientras me encomiendo a la Virgen de la Encina, a la Virgen de Guadalupe, la Virgen de la Cabeza, a la Macarena, al Sagrado Corazón de María, al Cristo de Medinaceli y a la casi totalidad del santoral español, lo que me pregunto es por qué no hay manera de encontrar en M’drit un sitio donde vendan buenos tomates.

Hasta el año que viene, verano.

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3 Responses to M’drit (el dichoso café con leche)

  1. mate says:

    Tomates, haberlos haylos. Lo imposible es encontrarlos a un precio razonable.

  2. Milodon says:

    Los que decís que haberlos haylos es porque no habéis probado los que me dio mi señora madre…

  3. Joaquín says:

    Me alegra, mucho, volverla a ver a usted tan en buena forma como en ésta entrada, Milodona. Besos desde las Montañas de la Locura.

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