Horror en el Hipermercado (Madrid Vertedero)

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Los barrenderos de la ciudad llevan diez días de huelga y Madrid parece un vertedero: una camisa y una falda se deshilachan en el medio de una acera como chicles pisados, unas caja de McDonalds con hamburguesas a medio terminar obstruye una alcantarilla, cartones pringados con grasa y mondas de naranja forman torres en torno a los contenedores mientras una bolsa hace un baile muy American Beauty por la calle arriba.

Cada nuevo desperdicio fuera de lugar es una invitación a pensar una historia. ¿De dónde has salido? ¿En qué casa has estado? ¿Quién y para qué te ha utilizado? Una vez, unos periodistas franceses llamados Pascal Rostain y Bruno Mouron le hurgaron en la basura a Ronald Reagan hacia el final de sus días. Él vivía en un casoplón en Bel Air y los periodistas ya habían husmeado antes en los despedicios de Liz Taylor, Arnold Schwarzenegger, Antonio Banderas o Marlon Brando. La idea era reconstruir sus vidas cotidianas a través de su mierda, la cual fotografiaban y vendían en forma de cuadros. En los desechos de Reagan encontraron, entre otras cosas, boletos de lotería, frascos de laxante, un sujetador, unas medias, una solicitud de un crédito a un banco, el carnet de uno de los oficiales de su servicio secreto y una carta de la revista ¡Hola!.

Lo natural es deconfiar, lo natural es que salga mal. Una tuerca poco ajustada, será un desastre a gran escala.

¿Por qué había una carta de ¡Hola! entre los desperdicios de Reagan? Vaya usted a saber.
Interpretar un vida privada a partir de una bolsa de basura es como componer un puzzle sin imagen de referencia. Pura entropía.

Entropía

2. f. Fís. Medida del desorden de un sistema. Una masa de una sustancia con sus moléculas regularmente ordenadas, formando un cristal, tiene entropía mucho menor que la misma sustancia en forma de gas con sus moléculas libres y en pleno desorden.

3. Inform. Medida de la incertidumebre existente ante un conjunto de mensajes, de los cuales solo se va a recibir uno.

Esta mañana entré en el supermercado tarareando una canción de Los Punsetes. Y pensé que toda esa mercancía perfectamente colocada por categorías en lineales es basura bien ordenada.

Errores que se cuentan por cientos, deficiencias en los cimientos. Salidas mal señalizadas, maquinaria demasiado pesada.

El primer hipermercado de Madrid se llamaba Jumbo y lo dirigía un marqués o por lo menos un señor que se apellidaba con el nombre de un marquesado. Merry del Val. Alfonso Merry del Val. En las grandes corporaciones madrileñas, como en las páginas del una revista del corazón, contar con rancio abolengo ayuda a conseguir trabajo, pero en el caso de un hipermercado, los ecos nobiliarios la dan un sentido poético a esas islas refrigeradas llenas de torres de hortalizas, detergentes o latas de conservas, tan versallescas. Ahora ya nos hemos acostumbrado a tener a nuestra disposición treinta quilos de fresas si necesitamos solo un puñado para el postre pero a finales de los setenta se acababa de inventar el código de barras: la llegada de las grandes superficies comerciales fue toda una conmoción. Nacho Canut y Carlos Berlanga hicieron una canción para dejar constancia de ello.

“Horror en el hipermercado”. En 1980 rodaron un videoclip en aquel Jumbo (situado en una zona residencial al norte de Madrid, en la confluencia de las calles Pío XII y Alfonso XIII, y que hoy es un Alcampo) con Alaska espolvoreándose laca Elnett y llenando el carrito de recias coliflores como una Maria Antonieta enloquecida ante la visión de tanto paquetes de macarrones juntos. Los periódicos de aquel tiempo reflejan que hubo muchas protestas vecinales por la cantidad residuos –con sus consiguientes efluvios repugnantes- que generaba el hipermercado.

Descuidos en la ejecución, una mala planificación. Un obrero que tenía un mal día, un ingeniero que no sabía.

La diferencia entre un marquesado y un condado es tan sutil como la similitud entre un hipermercado y un supermercado. Apenas unos metros cuadrados separan a una categoría de otra. Un marqués tiene menos fincas que un conde. Un súper menos superficie que un híper.

Superparda fue la que se lió en julio de 2002 en los supermercados Sánchez Romero cuando alguien se puso a revolver los papeles que su departamento de recursos humanos había abandonado en la calle para que los recogiese el camión de la basura: dejaron al descubierto un sistema de selección de personal muy particular. En las anotaciones al margen de los curriculums se podían leer cosas como:

-No, por macarra. Chupa de cuero.
-Está como una regadera. Padre alcohólico. Custodia de su hija por la Comunidad de Madrid. Ha tenido menos suerte que Pascual Duarte en la vida.
-No, por mayor.
-Barrios bajos, pinta de drogadicta.
-No, mal pintada. Cara de cochinillo.
-Vive en Parla y es fea.

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Tomás Gómez, entonces alcalde de Parla, años más tarde candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid, se sintó herido en su parleño orgullo por los comentarios ofensivos hacia su localidad y amenazó con una querella. El director general de la compañía aseguró que la persona que hacía esos procesos de selección ya no formaba parte de la empresa.
Iluminados cálidamente y decorados como salas VIP aeroportuarias, los selectos supermercados Sánchez Romero abrieron su primera sede en 1945 para dar servicio a los americanos de la base aérea de Torrejón de Ardoz y hoy tienen sedes en los barrios más privilegiados de la ciudad (Sor Ángela, Corazón de María, Mirasierra, Arturo Soria, Moraleja, Puerta de Hierro, Majadahonda, Pozuelo). Aquella mañana de verano en la que les pillaron in fraganti, sus papeles internos tirados en la calle olieron a podrido.

Fechas de caducidad, alteradas para no gastar. Bicicletas de segunda manos, plástico coreano. La sujeción de los asientos, recambios que no llegan a tiempo, corrosión de acero forjado, drogas en los helados.

Los barrenderos de Madrid están de huelga. Les quieren rebajar el sueldo en un cuarenta por ciento. Y los madrileños están sublevados: un retrato caótico de sus mundos  se va a acumulando en repugnante desorden por doquier. Es como si Francis Bacon hubiese pintado un lienzo con la temática “lucha obrera”.

Esta mañana.de camino a Malasaña, vi la ciudad sembrada de porquería. Salí de casa dispuesta a echarle un vistazo a los contenedores de Esperanza Aguirre: me hacía gracia la posibilidad de comparar sus neoliberales residuos con los de Ronald Reagan. Cuando llegué al palacete en el que vive la ex presidenta de la Comunidad de Madrid, a la sazón Condesa Consorte de Bornos y Grande de España, no encontré nada, pero comprobé que el supermercado de la esquina, el que daba a la calle Pez, ha cerrado por la crisis.
Tuve luego la tentación de pasar por el domicilio de Ana Botella, la alcaldesa de la ciudad. Pero vive en Pozuelo, que es otro ayuntamiento. Allí los servicios de recogida de basuras han funcionado perfectamente estos días.

Me marché tarareando una de los Punsetes.
Lo natural es desconfiar, lo natural es que salga mal. Lo natural es la entropía, ya no digas que no lo sabías.

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One Response to Horror en el Hipermercado (Madrid Vertedero)

  1. C.P. says:

    ¿¿Pero cómo es posible que conozcas la existencia del Jumbo?? Me dejas loca, everytime.
    A bailar!

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